Piedra-Ancha

Flavio Hugo Santander Gálviz, padre de los compositores Gustavo y Kike Santander.
El mérito de Piedra-Ancha no reside en su originalidad ni en su dicción, sino, como ocurre con los pasajes más memorables de Don Quijote, en la sensibilidad de su autor. |
Como una ofrenda de cariño a todos mis hermanos
Era blanca la casa, era alegre y amante,
Era pura la luna, era el cielo radiante
Era roja la rosa; los lirios, las palmeras
Que agitaban sus hojas en su afán de banderas
Y la mata de hortensia que azulaba el jardín
Y en el patio era un pomo de perfume el jazmín
Era allí el laberinto, eran los paradales,
Era el pozo del gallo con sus voz de cristales
Las frutas en el árbol, el grito en el molino,
La verde platanera, la gallina en el limo
El labrador cansado, venido de muy lejos,
El corredor de abajo, crucigrama de rejos
El corredor de arriba con cuadros de papeles,
Paisajes de colores, osos, nieves, corceles
La piedra-ancha y grande-piedra tradicional-,
La cera del totumo, el guamo del botal
Orquestación de voces, el mugido, el relincho;
El toro en la sabana, el ternero en el cincho
Los gansos en el pozo, el cerdo en el corral,
Los pericos dañinos, el sin par pavo real
El caballo pecoso y el trotón tocolín,
La vaca Mantecada y Sulema y Selín
Los paseos con las tías y la mamá Teresa,
Los rosquetes, merengues y la opípara mesa
Y el buen tío Juan y la mamá Juanita,
Con sus dulces, cometas y sus trompos de pita
Era blanca la casa, era alegre y amante,
Era pura la luna, era el cielo radiante
-II-
Era Él un gallardo y severo varón,
Paladín del trabajo, de la brega blasón
Era Ella la vida, alma, esencia, ternura;
"Dios la hizo tan bella, Dios la hizo tan pura"
Héctor noble, arrogante, su bizarro ademán
Lo formó don Quijote, y Flaviano, y Roldán
La grácil Aidé, juguetona y lozana,
Sus canciones se oían tarde, noche y mañana
Mario rubio, sencillo, todo aquel que lo mire
Le dirá con cariño: el amable catire
Flavio Hugo deseaba recoger los luceros
y bordaba ilusiones en sus sueños primeros
Era Blanca, agorera y gitana,
Para Él era reina, para Ella sultana
De cabellos undosos y de tez nacarina,
rozagante y hermosa la robusta Marina
Julio Enrique un chiquillo pizpireto y moreno,
Era siempre tan dócil, era siempre tan bueno
Con las tías y con Chava va creciendo Noel,
Nadie mas generoso y hermanable como él,
Era Jaime un juicioso y trigueño chicuelo
Que elevaba sus voces infantiles al cielo
Y Maria Teresa de gentil morenía,
Era encanto de todos, del hogar alegría
De figura española y silueta muy fina,
Tierna, pálida y leve la graciosa Georgina
Con el alma en los ojos, ser muy buena ella anhela,
Delicada y esquiva, la hermanita Mariela
Y Judith, pequeñina revoltosa y traviesa,
Un panal en sus ojos y en su boca una fresa
Era blanca la casa, era Ella, era Él,
Era roja la rosa, era dulce la miel
-III-
Vientos raudos de pena, nubes negras de llanto,
Despiadados caminos, luto, sombra, quebranto
¿Dónde está la casita? ¿Dónde están Ella y Él?
¿Dónde Mario el hermano, el amable doncel?
Ya no es blanca la casa, ya no están Ella y Él,
Ya no es roja la rosa, ya no es dulce la miel
Y la fruta del árbol, y el trapiche cantor,
Marchitaron sus almas en el mismo dolor
Los caballos, la vaca, y Selín y Sulema,
Y los gansos y el pavo, se murieron de pena
Y se acabó la hortensia, ya no existe el jazmín,
El totumo y el guamo se secaron al fin
Y los trompos de pita ya no quieren bailar,
Las cometas aladas ya no saben volar
Y hasta la piedra grande que hoy está mutilada
Es un féretro en roca de la vida pasada
Hay fantasmas de sombra, hay silencios de olvido
Todo, todo se ha muerto; todo, todo se ha ido
-IV-
Hoy van doce bajeles, hoy van doce destinos,
Hoy van doce dolores por distintos caminos
Siempre noble, gallardo, de romana elegancia,
Héctor guarda el empuje de los pares de Francia
Aidé lucha incansable en la brega del día;
Ella sabe que triunfa, persevera y porfía
Sólo Mario se ha ido junto a Ellos los dos;
Se marchó para siempre por las rutas de Dios
Flavio Hugo, cansado de lapidosos senderos,
Ya no borda ilusiones, ya no alcanza luceros
A su hogar, Blanca ha dado sacrificio y amor,
Y se enfrenta al destino con denuedo y valor
A su esposo y sus hijos da su dicha Marina
Y sin muchos pesares por la vida camina
Y muy lejos, distante, junto a río y al mar,
Julio Enrique se esfuerza, es su afán trabajar
A Noel, lentamente la fortuna le crece,
Y su casa es modelo, todo el bien le merece,
Jaime quiere a la altura de la ciencia llegar,
y su alma es un rito, y su mente un altar
Y María Teresa, con su gran corazón,
No desmaya en su empeño de lograr su ilusión
Madre, amante y sufrida, dulce esposa adorable
Es Georgina tan suave, cariñosa y amable
La hermanita Mariela al servicio del cielo,
Ha colmado su sueño, ha llenado su anhelo
Y Judith la chiquilla de mejillas en flor,
Es feliz, es amada, la hermanita menor
-V-
Era blanca la casa, era Ella, era Él,
Era roja la rosa, era dulce la miel
Ya no es blanca la casa, ya no están Ella y Él:
Ya no es roja la rosa, ya no es dulce la miel
Cali, 1953
http://www.castellano.hugosantander.com/



